En Complètement à l’Est!, Jean-Christophe Buisson recuerda treinta años de reportaje y pasión por la Europa balcánica y Rusia
No elegí amar a Oriente por un espíritu de contradicción. Ni por fascinación romántica por las causas perdidas. Ni tampoco restablecer esta injusticia que consiste, en Francia, en considerar cualquier territorio más allá de Alemania e Italia como bárbaro, atrasado, corrupto, corruptor, mafioso, violento, poblado por gente extraña y de dudosa higiene. Hay razones históricas en este desprecio – a menudo hemos estado en conflicto con los imperios ruso, austríaco y otomano -, razones religiosas – nuestra antigua nación católica está imbuida de desconfianza hacia el mundo ortodoxo -, razones de civilización – somos un pueblo grecolatino, ellos son en su mayor parte eslavos. Sobre todo, hay un profundo desconocimiento de estas naciones y de sus habitantes, una pereza para descubrirlas yendo allí, leyendo a sus novelistas y ensayistas, viendo sus películas, aceptando perderse en su complejidad, su historia, sus geografías, sus lenguas y sus alfabetos a veces…
